Estos días salía en prensa y TV un caso escandaloso: El SEPE castiga a un trabajador por atender a ciudadanos sin cita previa. Un funcionario se enfrenta a seis meses de suspensión de empleo y sueldo por atender sin cita previa y no quedarse «de brazos cruzados».
Es un ejemplo perfecto del viejo dicho: «ninguna buena acción queda sin castigo». O como decía Maquiavelo: «Quien introduce cambios en beneficio del sistema suele ganarse enemigos entre quienes se benefician del sistema actual.»
La tradición española de castigar a sus héroes
Tampoco es una novedad que el estado español castigue a sus mejores súbditos. Por poner algunos casos notorios:
Blas de Lezo: salva Cartagena de Indias, sacrifica medio cuerpo por el imperio, derrota a los ingleses y queda postergado su enfrentamiento con el virrey Sebastián de Eslava
Hernán Cortés: entrega a Carlos V un territorio gigantesco y decisivo para la Monarquía Hispánica y la Corona le abre juicio
Gonzalo Fernández de Córdoba («el gran capitán») gana prestigio inmenso en Italia y consolida el dominio español en Nápoles. Después, Fernando el Católico desconfía de él, le exige cuentas y lo aparta progresivamente del poder efectivo en Italia.
Ana Garrido Ramos, empleada pública en el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. Sus denuncias ayudaron a activar el caso Gürtel, una de las mayores tramas de corrupción política en España. Después sufrió represalias laborales y personales.
Durante los últimos años en España, también abundan los casos de funcionarios represaliados o perseguidos por el actual gobierno por hacer bien su trabajo, como el Director de la UCO Antonio Balas, el coronel Diego Pérez de los Cobos, el vigilante que denunció el escándalo de Delcy en Barajas, o los jueces y fiscales que investigan la corrupción. Por no hablar de policías y militares que tienen que hacer su trabajo en condiciones insalubres, peligrosas, sin medios y mal pagados.
¿Qué pueden aprender las organizaciones inteligentes?
En definitiva, este es un caso muy llamativo, pero no excepcional. Muchas organizaciones están llenas de ejemplos en los que las personas que intentan hacer bien su trabajo perciben cómo se les ignora o incluso se les castiga por ello. ¿Se te ocurre algún ejemplo en tu experiencia?
Esas mismas organizaciones luego se sorprenden por el absentismo o la rotación no deseada, y contratan carísimos e inútiles programas para fomentar el compromiso y mejorar el ambiente.
Más allá de la anécdota chocante, me gustaría tomarlo como ejemplo para reflexionar sobre algunos aspectos de los que las organizaciones inteligentes podrían aprender. Podría estar hablando horas de todo lo que está mal para llegar a esta situación. Para no repetirme, vinculo algunos posts anteriores, y te animo a curiosearlos:
La persona que más te ha mentido no tu ex, ni tu jefe… Eres tú. Creemos que tomamos decisiones racionales, pero muchas veces solo estamos protegiendo una historia que nos contamos a nosotros mismos.
Hay un famoso suceso documentado en el que una secta cree que el mundo se va a acabar en un gran tsunami y sólo ellos serán salvados por los extraterrestres, quienes les recogerán en una nave. Renuncian a todo en sus vidas y se juntan a esperar el fin del mundo en la fecha señalada.
Cuando pasan las horas y nada sucede, la líder de la secta encuentra una explicación que les permite salvar sus creencias: los extraterrestres se han conmovido con su reunión y no sólo les han salvado a ellos, sino que han evitado la catástrofe para toda la humanidad. Todos vuelven a sus vidas con su fe reforzada, sin cuestionar sus creencias.
Lo triste es que esto no sólo pasa en las sectas. Cualquier conversación sobre política, fútbol, religión (o cualquier tema sobre el que las personas tengan una fuerte creencia) demuestra que las personas solemos retorcer los hechos y razones para que encajen con nuestros deseos.
Hace mucho tiempo que he constatado una triste realidad: cuando la realidad no coincide con las expectativas de las personas, lo que cambian es su percepción de la realidad con tal de no cuestionar sus creencias, deseos, su autoimagen o su frágil ego. Por eso no sirve de nada discutir con una mente parasitada por una idea, solamente genera conflictos. Es mejor empezar por uno mismo: mis ideas ¿son las más verídicas y adaptativas o son las que me han parasitado?
Disonancia cognitiva
La disonancia cognitiva es un fenómeno psicológico bien conocido que explica por qué justificamos errores evidentes, por qué defendemos ideas que nos perjudican y por qué cambiar de opinión puede doler más que seguir engañándonos.
En este excelente vídeo hecho por el Disonante, se explora cómo funciona este mecanismo psicológico, desde los experimentos clásicos de la psicología social hasta ejemplos cotidianos: relaciones que no funcionan, malas decisiones que defendemos a toda costa, autoengaños individuales y colectivos, y la peligrosa obsesión por la coherencia.
Todos tenemos esta tendencia. La diferencia es que algunos la conocemos y vigilamos, para tener ideas y no que las ideas nos tengan a nosotros. ¡Desparasita tu mente! Deja que la habiten las mejores ideas, no las que ya se han establecido y se protegen frente a ideas competidoras. Porque el problema no es tener contradicciones. El problema es no verlas.
🕮 LECTURAS RECOMENDADAS 🕮 (Libros y textos relacionados con el tema del vídeo)
• A Theory of Cognitive Dissonance — Leon Festinger
• When Prophecy Fails — Leon Festinger
• Mistakes Were Made (But Not by Me) — Carol Tavris & Elliot Aronson
• The Elephant in the Brain — Kevin Simler & Robin Hanson
• The Righteous Mind — Jonathan Haidt
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El misterioso (y frecuentemente defectuoso) funcionamiento de la mente humana es uno de los temas que más curiosidad nos generan, y que tratamos desde hace años:
Después, Florentino Pérez salió en una rueda de prensa lamentable, en la que echó la culpa a todos de conspirar contra él y contra el Real Madrid (mezclando ambas cosas como indisolubles) y convocando unas elecciones anticipadas (cuyos criterios para presentarse como candidato son tan limitantes que sólo él los puede cumplir) como táctica para recuperar la iniciativa en la crisis y reforzar su poder.
Aclaro que no ataco ni defiendo a ningún club ni persona. Me gusta el buen fútbol venga de donde venga, pero me dejan bastante indiferentes los juegos de poder, el tribalismo identitario, la manipulación de masas y los negocios sucios tan frecuentes en el fútbol profesional. Mi reflexión viene por otro ángulo: el peligro de cualquier sistema organizativo o persona que carecen de un bucle de retroalimentación (feedback).
Los cuentos clásicos ya nos advertían con la fábula del rey desnudo, pero las empresas se empeñan en no aprender de la tradición. Más allá del caso concreto, hagamos un análisis desde la teoría de sistemas.
Sistemas abiertos sin bucle de control
Empecemos por una analogía mecánica / biológica. Una máquina o un ser vivo no inteligentes hacen lo que están programados para hacer. Un motor gira y gira (hasta que se queda sin aceite o combustible), un robot se mueve siempre igual (aunque se descalibre), un pez siempre muerde el cebo (aunque ya haya picado el anzuelo antes), etc. Cumplen una función ciegamente, con mayor o menor acierto, hasta que no pueden hacerlo.
Y el feedback (retroalimentación) lo reciben con su persistencia o desaparición en el tiempo. La mayoría de seres vivos poco sofisticados tienen una estrategia de pervivencia que consiste en hacer múltiples copias de sí mismos (cada una un poco diferente) dejar que se mueran la mayoría y que sólo sobrevivan las más adaptadas al entorno cambiante y cruel. Es la selección natural.
El individuo no aprende, pero el linaje sí tiene un feedback y se adapta. Las máquinas ni siquiera son capaces de hacerlo sin intervención externa.
Feedback e individuos inteligentes
Los animales con más inteligencia tienen otra estrategia adicional: aprender en la vida del individuo. Los elefantes, cetáceos, cuervos, chimpancés, y algunos humanos (una minoría), son capaces de adaptar sus comportamientos cuando los resultados demuestran que son desadaptativos. Lo cual es mucho más eficiente que matar al individuo cada vez que se equivoca (al menos en el caso de animales grandes con cuerpos biológicamente caros de generar). Pero para aprender, necesitamos feedback.
No nos damos cuenta de la importancia del feedback hasta que lo perdemos. Intenta atarte los zapatos con guantes, o desplazarte por tu calle a ciegas. De hecho, hay una terrible enfermedad (analgesia congénita) que consiste en la ausencia de dolor. Parece una ventaja, pero quienes la padecen suelen morir en la infancia o sufrir todo tipo de complicaciones de salud por su incapacidad de detectar el dolor. De la misma manera, los niños malcriados a quienes nunca se ha puesto límites se convierten en adultos mal adaptados al trabajo en equipo. Esto también es aplicable a jugadores como Mbappe o Vinicius. 😉
Yendo más lejos, algunos humanos incluso son capaces de aprender de los errores y aciertos ajenos, de los aciertos no merecidos, y de los aciertos parciales pero mejorables.
Ese es nuestro superpoder: podemos generar y matar en nuestra mente mil ideas malas para quedarnos con una buena, sin morir nosotros ni nuestros hijos. Pero este nivel de aprendizaje ya queda reservado para los más inteligentes y humildes.
En definitiva, si no aprendes (ya seas un ser vivo o un sistema organizativo), estás condenado a extinguirte en cuanto cambien las circunstancias. Pero esto no es un problema, sino un metaproblema: como no aprendes no te das cuenta de que no aprendes. Tu creencia de que ya sabes todo lo que necesitas es la principal barrera a desmontar si quieres empezar a aprender.
Del aprendizaje individual al colectivo
Además, en sociedades que transmiten cultura, existe otro superpoder que potencia el aprendizaje: la cultura. Cuando somos capaces de aprender colectivamente y acumular conocimiento entre generaciones, personas y territorios de forma sistemática, el resultado es exponencial.
Con las familias, tribus y clanes de antaño, y con las organizaciones actuales (entendidas como sistemas sociales) pasa lo mismo (adaptación o extinción). A menudo me encuentro con empresas llenas de individuos inteligentes pero que, colectivamente, hacen cosas increíblemente estúpidas. Y lo peor es que no aprenden de ellas.
Si ya es difícil que una persona aprenda, los sistemas sociales son aún más difícil de comprender para un individuo, de la misma manera que una neurona no puede comprender el cerebro del que forma parte. La diferencia es que algunos humanos sí somos capaces de entender algunos patrones de nuestro sistema y ayudar a otros individuos a ser también colectivamente conscientes. Para facilitarlo, podemos usar metodologías como el coaching sistémico.
Síntomas para identificar un sistema estúpido y ejemplos futboleros
Algunas pistas para darte cuenta de que estás en esa situación:
Te encuentras una y otra vez con el mismo tipo de problemas. Resurge el mismo dolor, se repite la misma situación con pequeñas variantes en cuanto a temática o protagonistas, pero siguiendo un guion similar. Ejemplo: malos resultados deportivos, mal juego, conflictos entre jugadores.
Se atacan los síntomas pero no se comprenden ni resuelven las causas subyacentes. Se apaga el fuego pero no se comprende su origen. Ejemplos: Plaga de lesiones en los últimos años, cambio de entrenadores (Xavi, Arbeloa), convocar elecciones anticipadas.
Se siguen haciendo las mismas cosas y esperando resultados diferentes que nunca llegan. Incluso cuando los resultados son cada vez peores, se interpretan como una necesidad de dedicar aún más recursos y persistir en los mismos patrones de comportamiento. Tanto si los resultados acompañan como si no, en ambos casos se justifica la persistencia en el empeño. Ejemplo: El PSG pasó varios años comprando los mejores y más caros jugadores sin tener éxitos deportivos relevantes. Luego el Real Madrid se empeñó en comprar estrellas como Vinicius o Mbappe cuando los problemas del equipo eran otros.
Se buscan soluciones mágicas o puntuales, o se gestiona «por ocurrencias» para evitar abordar problemas sistémicos, complejos o incómodos. Ejemplo: Echar a Xavi en vez de poner orden en el vestuario, en la gestión deportiva y hacer una estrategia de equipo a largo plazo.
Culto al ego de ciertos individuos en lugar de al sistema, y se prohibe o castiga cualquier crítica constructiva. Ejemplo: Desautorizar al entrenador frente a los jugadores estrella o falta de delegación de decisiones técnicas por parte de Florentino.
Procesos de toma de decisiones no racionales. Mala búsqueda de información y comprensión del problema, ausencia de objetivos claros, de análisis de las alternativas, de planificación coherente, etc. Abundan los sesgos, las ocurrencias, las decisiones emocionales, y no hay un debate rico y diverso. Ejemplo: La falta de una estrategia deportiva a largo plazo que deriva en la caótica salida y entrada de entrenadores, preparadores físicos, jugadores, y técnicos en los últimos años.
Intereses particulares para que las cosas sigan igual, aunque sea a costa del futuro o del conjunto del sistema. Eso hace que el sistema opere en un equilibrio frágil pero que resulta más conveniente para algunos actores clave. Ejemplo: La actual directiva y los jugadores con más poder.
Se selecciona la información que respalda las decisiones previas o ya tomadas, se descarta la información que las contradice o incluso se manipula o sesgan conscientemente los datos. Si la información objetiva es tan evidente y contraria a la postura ya tomada, se desvía la conversación hacia lo emocional, se embarra mezclando otros temas, se grita más, se mezclan aspectos políticos o de poder, etc. Ante la crítica o las propuestas ajenas, surgen conductas defensivas, agresivas, echar la culpa a otros, excusas, propaganda, mentiras u ocultación de la verdad, corte de la comunicación, etc. En definitiva, no hay asunción de responsabilidades ni comprensión de la eventual verdad que puedan llevar esas críticas. No se busca la verdad incómoda para adaptar el comportamiento, sino argumentos convenientes para refrendarlo. Ejemplo: la última rueda de prensa de Florentino.
¿Qué hacer con esto?
Si eres futbolero:
Si eres antimadridista, no les digas nada. Al enemigo que se equivoca no hay que distraerle. Pero mírate al espejo, a ver si tu club también está haciendo cosas estúpidas, aunque quizás no tan notorias.
Si quieres lo mejor para el Real Madrid, difunde estos artículos con la esperanza de que pueda cambiar algo. Pero que sepas que esta información será rechazada por los fanáticos y por los principales actores que han llevado el sistema organizativo a su situación actual.
Si te da igual que gane o pierda un equipo pero te interesan las empresas y los equipos (como es mi caso), seamos suficientemente inteligentes para aprender de este caso:
A nivel individual: ¿Qué feedback estoy rechazando? ¿Qué críticas me hacen que trato de ignorar? ¿Qué problemas se me repiten una y otra vez? ¿Qué es lo que la vida me trata de enseñar pero me resisto a aprender?
A nivel colectivo: ¿Qué decisiones claramente estúpidas estamos tomando? ¿Cuáles son las causas raíz de nuestros problemas como equipo u organización? ¿Tenemos una cultura de aprendizaje sistemático y mejora continua? ¿Se toman las mejores decisiones o las de las personas con más poder?
Why do intelligent people become stupid? How does a society of literate people choose suicidal paths?
German theologian Dietrich Bonhoeffer thought deeply about these questions in 1942 while imprisoned by the Nazis. His theory is more terrifying than you think, and more relevant than ever in this utterly stupid society that we are decaying into.
In this video, we break down Bonhoeffer’s theory of stupidity: why smart people surrender their thinking, how power creates mass stupidity, and why you can’t convince someone once they’ve crossed that line.
This isn’t about low IQ or bad education — it’s about the psychological surrender that makes even brilliant minds vulnerable to manipulation.
What You’ll Learn
Why stupidity is more dangerous than evil
How intelligent people become stupid under certain conditions
The sociological mechanism behind mass conformity
Why facts and logic fail against stupidity
The only way to overcome stupidity (and it’s not what you think)
Based on Bonhoeffer’s essay «After Ten Years» from Letters and Papers from Prison, written just months before his execution by the Nazi regime.
Nassim Taleb es un pensador polémico y brillante, que ya hemos mostrado en el blog anteriormente. En esta entrevista, habla del actual sistema económico y financiero y cómo se ha vuelto muy frágil. Lo que me parece más interesante y novedoso respecto a otros análisis es la perspectiva sistémica.
Algunas ideas clave:
La economía no es una máquina: es un organismo que necesita estrés
Taleb critica la visión tecnocrática que trata la economía como un motor que sólo requiere ajustes. Para él, funciona como un ser vivo: aprende, se adapta y necesita pequeñas tensiones para evitar colapsos mayores. Cuando se protegen demasiado los sistemas, se vuelven frágiles.
Sin “skin in the game”, las élites ganan y los ciudadanos pagan
Un sistema antifrágil se fortalece tras los errores de algunas de sus partes, pero un sistema frágil se debilita con cada uno de ellos. Compara la aviación, en que cada accidente supone un aprendizaje que hace menos probable el siguiente, con el sistema financiero, en el que cada quiebra supone un incentivo para repetir y aumentar la toma de riesgos.
El mayor peligro no es el mercado: es la combinación de “gran gobierno + grandes bancos”
Según Taleb, el auténtico riesgo sistémico nace cuando gobiernos centralizados protegen a bancos gigantes. La lógica del “too big to fail” concentra los errores en vez de dispersarlos, transformando fallos locales en crisis globales.
El sistema económico se ha vuelto más frágil
Taleb identifica tres factores de fragilidad sistémica: (1) centralización (vs descentralización), (2) deuda excesiva (vs financiación por capital), y (3) falta de consecuencias para quien se equivoca (“skin in the game.”). Esto convierte los errores manejables en catástrofes sistémicas.
La deuda es la dinamita silenciosa del sistema
Taleb distingue entre crédito sano (que financia comercio real) y deuda apalancada (que multiplica riesgos). A lo largo de la historia —de Babilonia a la Europa moderna— las sociedades han explotado una y otra vez por abusar de la deuda. Pero antes, cuando alguien (incluso un rey) no pagaba, era un problema para sus acreedores y para la financiación futura del mal pagador, mientras que hoy se socializa la pérdida y se repercute a todos los ciudadanos. La deuda apalancada fragiliza. En cambio, la financiación por acciones estabiliza el sistema al asignar los riesgos junto con las ganancias.
Sin “skin in the game”, las élites ganan y los ciudadanos pagan
Su crítica más mordaz: banqueros y reguladores disfrutan de las ganancias, pero transfieren las pérdidas al contribuyente. Taleb llama a esto “asimetría tóxica”: las decisiones de unos pocos generan beneficios privados y desastres públicos.
Solución Taleb: descentralizar, limitar la deuda y romper la colusión regulador–empresa
Propone heurísticas simples: sistemas más pequeños y locales, menos apalancamiento, y una regla clara (“Regla Tony Blair”): nadie que regule un sector debería enriquecerse después trabajando para él. El objetivo: devolver responsabilidad a los actores y robustez al sistema.
(Si no entiendes inglés, puedes poner la traducción automática)
Para saber más
Si te interesa, tal vez también te gusten otros posts anteriores:
Tal vez quienes hemos estudiado algo de economía tenemos una mente distinta de la mayoría de personas, pero sigue sorprendiéndome cómo la mayoría de la gente ignora el poder de los incentivos en el comportamiento humano (y el peligro de definirlos sin pensar qué puede salir mal).
En este vídeo se explican, de forma muy didáctica, algunos ejemplos chocantes al respecto, desde la India colonial, pasando por la Unión Soviética y llegando a la actual industria médica. De nuevo, se comprueba que la historia nos enseña que el ser humano no aprende de la historia y repite los mismos errores. También se proponen algunas alternativas.
En mi opinión, debería ser obligatorio verlo antes de permitir a la gente ser adultos, votar, ser votados, o dirigir equipos y empresas.
No es la primera vez que tocamos este tema. Para saber más:
El curso empieza y España sigue suspendiendo la asignatura de capital humano, especialmente en la atracción y fidelización del talento. Veamos algunas noticias recientes:
Según revela el informe ‘Perspectivas Laborales Intergeneracionales’, elaborado por Gi Group Holding, el 18,5% de los españoles ha considerado emigrar a otro país por razones laborales, pero no ha tomado una decisión al respecto. Asimismo, un 8,5% reconoce estar en proceso de hacerlo y un 11,8% reconoce haber tenido varias experiencias laborales en el extranjero. Casi el 20% de los jóvenes entre 18 y 24 años está en proceso de emigrar por motivos laborales.
Los negocios más pequeños, aquellos que tienen uno o dos trabajadores, están en retroceso desde 2022. En tres años, España ha perdido 11.143 de estas micropymes, que suponen más de la mitad (51,4%) del total de empresas activas.
Es decir, desde hace años castigamos al talento (especialmente joven), a autónomos y emprendedores hasta que desaparecen o emigran.
Pero, según nuestros insignes líderes todo está controlado: en los próximos años se van a dejar entrar a más de 3 millones de inmigrantes para pagar las pensiones. No parece importarles que estos «jovenlandeses» suelen venir con escaso talento, cualificación, conocimiento de la lengua, respeto por la cultura y las leyes, ganas de integrarse, etc.
Algunos tendrán trabajos poco cualificados o informales. Otros (especialmente de cierta cultura que no está permitido mencionar), siendo el 15% de la población, cometen más de un tercio de los delitos (los registrados oficialmente). Y todos ellos requieren vivienda, comida, atención social y sanitaria, servicios públicos, paguitas, etc.
En definitiva, perdemos talento valioso y acogemos gente que aporta muy poco o resta. Si España fuera una empresa, sus políticas de atracción del talento merecerían un juicio sumarísimo al director de recursos humanos por administración desleal.
¿Cuánto tiempo aguantaremos antes de exiliarnos? Es una decisión difícil. Por si acaso, recomiendo ir haciendo planes y buscando alternativas.
Hoy el análisis parte de la emoción, de la indignación porque se quemen las provincias y bosques en las que tanto he disfrutado de la naturaleza. Durante años he recorrido en moto de campo (a pesar de las prohibiciones absurdas) varias de las zonas ahora quemadas del noroeste. Este año pasé por los Picos de Europa, por ejemplo.
Al ver las noticias, me surgen recuerdos del olor a heno y a pino, de los colores grises de la roca, azul del cielo, verde de los prados y amarillo de los trigales, de los murmullos de cascadas, bosques y leyendas. Una tierra (la mía, si es que soy de algún sitio) preciosa, salvaje, solitaria… y ahora calcinada.
Un incendio o unos pocos pueden ser mala suerte, pirómanos, etc. Pero, cuando se queman 400000 hectáreas en un año, no es mala suerte, es mala gestión y malas decisiones.
Muchos llevamos años advirtiendo de la despoblación del campo, del descuido y abandono de pueblos, bosques, cortafuegos y senderos. De las leyes y burocracias que prohíben (no regulan) un uso razonable del campo. De las políticas medioambientales contraproducentes y fanáticas, que dificultan la ganadería, la agricultura y la silvicultura, que derriban y vacían pantanos. De la hipocresía de quienes nos culpan por usar vehículos particulares (y no hablemos de la circulación por caminos o en el centro de las ciudades) desde sus aviones privados y palacios. Y este año, con todo lo que llovió en primavera, todos sabíamos que habría mucho matorral seco.
Pero esos avisos caen en oídos sordos. El ecologismo y la agenda 2030 se ha convertido en un caballo de Troya, en una religión tan hipócrita como destructiva. En solo 10 días de agosto, los incendios provocaron la emisión de casi 5,5 millones de toneladas de CO₂. En comparación, un coche medio emite aproximadamente 2,4 toneladas de CO₂ al año. Por lo tanto, las emisiones de los incendios en esos 10 días equivalen a las emisiones anuales de alrededor de 2.291.667 coches.
Tampoco las vidas humanas, la destrucción de propiedades, la despoblación de media España o el impacto económico conmueven a los «responsables». Con echar las culpas a alguien más o al clima cambiático ya les basta, y luego a seguir cobrando e implantando las mismas políticas, con los mismos resultados. Estos «Nerones» modernos siguen cantando las mismas canciones mientras arde España.
Desde el punto de vista del liderazgo y la toma de decisiones, se podría construir un caso de estudio sobre cómo tomar las peores decisiones posibles por los peores líderes posibles.
Y lo peor es que llueve sobre mojado y arde sobre quemado. En los años recientes hemos visto el mismo patrón de pésima gestión en cada crisis. Ya sea el covid, la filomena, el volcán de la Palma, la crisis migratoria, las inundaciones de Valencia, el gran apagón… No aprendemos. Seguimos con el mismo patrón de toma de decisiones por los mismos sistemas organizativos y personas, así que repetiremos los mismos resultados.
Por eso me parece tan importante ayudar a los líderes y organizaciones a tomar decisiones con un proceso racional y de alta calidad, independientemente del contenido o temática de las mismas. En las empresas también se toman malas decisiones todos los días, pero al menos allí hay la posibilidad de que te despidan por ello. Y también hay la posibilidad de convertirte en un buen decisor que genere sistemáticamente buenos resultados.
Si te interesa conocer más sobre la estupidez humana, la toma de decisiones, el liderazgo y los resultados, te recomiendo pasados posts en los que desarrollo algunas ideas al respecto, para no repetirlas aquí:
According to my experience, organizations tend to do very stupid things; collectivelly they are less intelligent than most of the individuals in them. Another observation is that organizations tend to reflect the virtues and defects of their leaders.
The conclussion is clear: people tend to work without thinking much, and the responsibility lies on their leaders. Are they dumb? No, or not more than the average. In fact, they usually are more intelligent than normal employees. And they are experts in their field. But they often lack some critical thinking skills that are much needed in VUCA environments. And these skills are never tought in the education system, nor in companies.
Only a few times I’ve had the chance to train managers on thinking and decision making skills. Am I the only one who realizes that there’s a need to improve the thought process of leaders? Their ego makes them think that they are already smart enough. So I was very relieved to find this very interesting article at Harvard Business Review. Here’s a summary:
What does it mean to add value? Adding value arises not just from solving a problem, but from solving the right problem, in ways that no one expected, to arrive at an even better outcome.
These kinds of solutions don’t come from our everyday ways of thinking. They come from expert thinking, critical thinking, strategic thinking, and systems thinking—skills that consistently make it on those ubiquitous lists of things leaders at every level have to be really good at to meet the challenges of the future.
If you’re a leader looking for your company to add value for clients and customers, or a manager looking for ways your team can add value, you need to be building these skills in your people. The problem for many leaders and managers, however, is that when we use terms like expert, critical, strategic, or systems thinking, too often we don’t know when to apply or even how to define them.
The authors explore these four distinct types of thinking skills in depth, including what they mean and when they should be used, along with some tips for using AI tools as a thinking partner.
Expert thinking is rooted in deep knowledge in a particular field, developed through years of experience, training, and consistent practice. Use it when a situation requires a quick, automatic response based on a well-defined set of rules, or when prior experience and knowledge can offer a clear path forward.
Critical thinking pushes you to pause and question assumptions. Instead of reacting quickly, you stop and analyze. Use it when experts disagree on a solution, when traditional approaches fail to solve a problem, or when the symptoms of a problem keep recurring.
Strategic thinking is about taking a long-term, high-level perspective, looking beyond the immediate situation. Use it when making big decisions with long-term consequences, thinking about your team’s future, or trying to anticipate how market forces and customer needs might change.
Systems thinking is the ability to see the interconnectedness of all the problems at hand. Use it when you need to understand a complex situation or want to identify patterns and relationships within your organization or industry.
It’s just as important to recognize that thinking skills are unlikely to be honed organically, because most of these ways of thinking are not natural. We have to deliberately engage in them. In other words, they’re not what our brains do on autopilot. (And let’s not kid ourselves: Our brains are on autopilot, out of necessity, most of the time. That’s not necessarily a bad thing.)
I encourage you to read the whole article here, and think about it. Also share this article with those you consider will appretiate it. And if you want to improve the thinking skills of your leaders, let’s talk.
In this Brief But Spectacular interview, Yuval Harari shares very interesting perspectives from history and human evolution.
We’ll understand and connect phenomena such as human stupidity, why we eat too much, what modern corporations and old religions have in common and how believing in fiction is the human superpower.