Cuando trabajo con equipos, especialmente con equipos que aspiran a ser de alto rendimiento, a veces comparto un concepto que suele llamar la atención: las letras de los perfiles profesionales.
En la época preindustrial todo el mundo hacía un poco de todo, desde cultivar, hasta construir, afilar, remendar, etc. Eran generalistas.
Las empresas industriales encontraron una gran eficiencia con la especialización del trabajo, véase la famosa historia de Adam Smith con la fábrica de alfileres. Eso llevó a perfiles en forma de I, muy especializados y con gran profundidad en una sola tarea, pero ignorantes de todas las relacionadas.
En tiempos recientes, en los que los puestos requieren más flexibilidad, innovación y conexión, cada vez se necesitan perfiles en forma de T, o incluso de M o V.
Gracias a Hugo Calvo por compartir este diagrama en linkedin.

Conozco unos cuantos casos de personas que llevan 20 años especializándose en una función, tarea o tecnología… para quedarse obsoletas de repente. ¡No seas una de ellas!
Sigue aprendiendo durante toda tu carrera profesional. Sé un gran experto en al menos una función o habilidad, pero con capacidad de conectarla o desarrollar otras. El desarrollo no es un curso puntual que te da tu empresa, es una mentalidad y disciplina durante toda tu vida. ¡Nunca pares de aprender!
