Hoy el análisis parte de la emoción, de la indignación porque se quemen las provincias y bosques en las que tanto he disfrutado de la naturaleza. Durante años he recorrido en moto de campo (a pesar de las prohibiciones absurdas) varias de las zonas ahora quemadas del noroeste. Este año pasé por los Picos de Europa, por ejemplo.
Al ver las noticias, me surgen recuerdos del olor a heno y a pino, de los colores grises de la roca, azul del cielo, verde de los prados y amarillo de los trigales, de los murmullos de cascadas, bosques y leyendas. Una tierra (la mía, si es que soy de algún sitio) preciosa, salvaje, solitaria… y ahora calcinada.
Un incendio o unos pocos pueden ser mala suerte, pirómanos, etc. Pero, cuando se queman 400000 hectáreas en un año, no es mala suerte, es mala gestión y malas decisiones.
Muchos llevamos años advirtiendo de la despoblación del campo, del descuido y abandono de pueblos, bosques, cortafuegos y senderos. De las leyes y burocracias que prohíben (no regulan) un uso razonable del campo. De las políticas medioambientales contraproducentes y fanáticas, que dificultan la ganadería, la agricultura y la silvicultura, que derriban y vacían pantanos. De la hipocresía de quienes nos culpan por usar vehículos particulares (y no hablemos de la circulación por caminos o en el centro de las ciudades) desde sus aviones privados y palacios. Y este año, con todo lo que llovió en primavera, todos sabíamos que habría mucho matorral seco.
Pero esos avisos caen en oídos sordos. El ecologismo y la agenda 2030 se ha convertido en un caballo de Troya, en una religión tan hipócrita como destructiva. En solo 10 días de agosto, los incendios provocaron la emisión de casi 5,5 millones de toneladas de CO₂. En comparación, un coche medio emite aproximadamente 2,4 toneladas de CO₂ al año. Por lo tanto, las emisiones de los incendios en esos 10 días equivalen a las emisiones anuales de alrededor de 2.291.667 coches.
Tampoco las vidas humanas, la destrucción de propiedades, la despoblación de media España o el impacto económico conmueven a los «responsables». Con echar las culpas a alguien más o al clima cambiático ya les basta, y luego a seguir cobrando e implantando las mismas políticas, con los mismos resultados. Estos «Nerones» modernos siguen cantando las mismas canciones mientras arde España.

Desde el punto de vista del liderazgo y la toma de decisiones, se podría construir un caso de estudio sobre cómo tomar las peores decisiones posibles por los peores líderes posibles.
Y lo peor es que llueve sobre mojado y arde sobre quemado. En los años recientes hemos visto el mismo patrón de pésima gestión en cada crisis. Ya sea el covid, la filomena, el volcán de la Palma, la crisis migratoria, las inundaciones de Valencia, el gran apagón… No aprendemos. Seguimos con el mismo patrón de toma de decisiones por los mismos sistemas organizativos y personas, así que repetiremos los mismos resultados.
Por eso me parece tan importante ayudar a los líderes y organizaciones a tomar decisiones con un proceso racional y de alta calidad, independientemente del contenido o temática de las mismas. En las empresas también se toman malas decisiones todos los días, pero al menos allí hay la posibilidad de que te despidan por ello. Y también hay la posibilidad de convertirte en un buen decisor que genere sistemáticamente buenos resultados.
Si te interesa conocer más sobre la estupidez humana, la toma de decisiones, el liderazgo y los resultados, te recomiendo pasados posts en los que desarrollo algunas ideas al respecto, para no repetirlas aquí:
Las inundaciones de Valencia: el precio de las malas decisiones, liderazgo y sistemas organizativos
La crisis de los misiles de Kennedy – Toma de decisiones estratégicas en incertidumbre
50 sesgos cognitivos que pueden perjudicar la toma de decisiones (de otros, claro, no la tuya)
Los directivos «cuello de botella» y su impacto en las decisiones de empresa
Covid y ¿racionalidad? en la toma de decisiones estratégicas
El gran apagón e «idiocracia» como documental
The broken window fallacy, Troyan horse ideas, and how to avoid making terrible economic decisions
The Painful Reality Of Unteachable Lessons
What eating too much, religions and corporations have in common








































