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DISC: ¿Un modelo científico y útil o el reggaeton de los RRHH? Una reflexión provocadora para profesionales inteligentes.

El reggaeton es popular, a pesar de su «calidad». El DISC también.

Hace demasiado tiempo que soportamos el reggaeton. Desde el punto de vista artístico (ritmo, armonía, poesía, interpretación, originalidad, variedad, coreografía, etc.) es objetivamente mediocre, más allá de gustos subjetivos. Pero sigue siendo inmensamente popular. Es fácil de producir, entender, cantar, bailar, vender… y está de moda. Y los jóvenes que sólo han escuchado eso ni siquiera se plantean degustar otros estilos.

Desgraciadamente, lo mismo me pasa con el DISC en un entorno de RRHH. Pero no es una manía personal, ni un ataque a todos mis compañeros que lo usan. Si eres fan del DISC, antes de ofenderte por esta provocadora comparación con la que espero haber llamado tu atención, te pido que suspendas el juicio durante unos minutos y leas mis argumentos racionales.

Hace años escribí en este blog sobre Big Five, MBTI, DISC y otros modelos de personalidad. Traté de argumentarlo racionalmente. Mi conclusión era bastante clara: si queremos hablar seriamente de personalidad, deberíamos prestar mucha más atención al Big Five y bastante menos a algunas herramientas enormemente populares en las empresas.

Poca gente lo leyó. Menos aún me hicieron caso. Incluso cuando se lo envié expresamente o se lo intenté explicar en persona a clientes y compañeros a quienes considero buenos profesionales e inteligentes, no tuvo ningún efecto.

De hecho, he seguido encontrándome con DISC. Una y otra vez. En coaching, en selección, en formación de líderes, en desarrollo de equipos, en programas de talento. Personas perfectamente competentes explicando que alguien es “muy rojo”, que otro necesita “más amarillos” en su equipo o que un determinado puesto encaja mejor con un perfil DISC concreto. Informes DISC que debo interpretar con mis clientes para construir programas de desarrollo y procesos de coaching.

Y cada vez me resulta más difícil ignorar una pregunta bastante elemental:

¿Qué estamos midiendo exactamente?

Porque, después de décadas utilizando DISC en las empresas, ni siquiera parece haber una respuesta estable a esa pregunta.

Empecemos por algo incómodo: ¿Qué significa DISC tras sus cuatro colores? ¿Hay un modelo coherente detrás?

Parece una pregunta evidente.

  • D es Dominancia.
  • I es Influencia.
  • S es Estabilidad.
  • C es Conformidad, Cumplimiento, Conciencia o alguna variante según la versión.

Hasta ahí, aparentemente fácil. Pero intentemos explicar de dónde salen esas cuatro categorías. Ahí empiezan los problemas. He visto DISC explicado como el cruce entre:

  • extroversión e introversión;
  • orientación a personas y orientación a tareas.

También como:

  • rápido frente a pausado;
  • personas frente a tareas.

O como:

  • activo frente a reflexivo;
  • aceptante frente a cuestionador.

Y si retrocedemos hasta William Marston, supuesto origen intelectual de DISC, encontramos otra arquitectura:

  • la percepción del entorno como favorable o antagónico
  • y la relación de poder entre individuo y entorno.

El propio manual técnico de TTI recoge esta genealogía. (TTISI Images)

Pero es aún peor. A lo largo de los años he visto explicar esos dos ejes de varias maneras:

  • extrovertido frente a introvertido;
  • rápido frente a pausado;
  • activo frente a reflexivo;

y el segundo como:

  • personas frente a tareas;
  • favorable frente a hostil;
  • aceptante frente a cuestionador;
  • cooperativo frente a competitivo;
  • orientado al entorno frente a orientado a uno mismo.

No estamos hablando simplemente de diferentes nombres sencillos para exactamente la misma variable psicológica.Son conceptos diferentes.

Y no sólo son cambiantes y diferentes, sino ni siquiera excluyentes. Por ejemplo:

  • Una persona puede estar muy orientada a las personas y ser extremadamente crítica y escéptica.
  • Puede ser extrovertida y reflexiva.
  • Puede ser rápida tomando decisiones y poco dominante.
  • Puede ser cooperativa y estar muy orientada a resultados.

El problema es evidente.

  • “Orientación a personas” no es lo mismo que “aceptación”.
  • “Orientación a tareas” no es lo mismo que “cuestionamiento”.
  • “Rapidez” no es lo mismo que “extraversión”.
  • “Entorno favorable” no es lo mismo que “orientación a personas”.

Son constructos psicológicos diferentes. ¡Y, sin embargo, todos producen misteriosamente los mismos cuatro cuadrantes!

Por tanto, cuando cambiamos unas dimensiones por otras para que sigan produciendo los mismos cuatro cuadrantes, tenemos un problema conceptual crítico.

Pero es aún peor. Hay informes DISC que hablan de estas cuatro categorías como independientes entre sí, no como extremos resultantes de dos variables dicotómicas.

Por otra parte, no queda claro si el DISC mide patrones de personalidad, de comportamiento, tendencias, estilos, motivaciones… si son patrones estables difíciles de cambiar o si se pueden adaptar y aprender… cada vendedor o consultor lo explica de una manera u otra según convenga.

Cuando una teoría admite varias explicaciones incompatibles entre sí y todas parecen servir para justificar las mismas categorías, quizá deberíamos preguntarnos si estamos explicando realmente algo o simplemente racionalizando una clasificación que ya habíamos decidido de antemano.

El contraejemplo médico

Imaginemos que hiciéramos esto con cualquier otra disciplina. Supongamos que un modelo médico clasificara a las personas en cuatro tipos. Preguntamos por qué existen esos cuatro tipos.

  • Una escuela responde: «porque cruzamos inflamación alta/baja con metabolismo rápido/lento».
  • Otra responde: «no, en realidad es actividad física alta/baja con respuesta inmunitaria fuerte/débil».
  • Y una tercera explica: «tampoco exactamente; son tolerancia al estrés y sensibilidad ambiental».

Pero todas siguen llamando a los cuatro resultados A, B, C y D.

Probablemente no diríamos: “Qué interesante, distintas maneras de entender el mismo modelo”.

Sino que preguntaríamos: “¿Cuál de las tres teorías es la correcta?”

Con DISC, curiosamente, hemos aprendido a convivir con la ambigüedad.

Tampoco nos preguntamos por qué dos ejes y cuatro categorías, y no cualquier otro número o significado. Sabemos que los colores que usa son arbitrarios, y eso no es un problema. De hecho, los colores y las iniciales son lo único que parece coherente. Lo grave es que los conceptos y su estructura son incoherentes entre distintos DISCs.

Entonces… ¿Por qué el DISC, a pesar de su incoherencia?

Quizá porque el resultado nos gusta. Admito que DISC funciona extraordinariamente bien en una sala. Hay cuatro colores. Las descripciones son fáciles y caricaturescas. La gente reconoce rápidamente a compañeros o se etiquetan a sí mismos:

  • “¡Tú eres completamente rojo!”
  • “Ahora entiendo por qué María necesita tantos datos.”
  • “Claro, Pedro es amarillo.”

Hay risas, reconocimiento y conversación. Las puntuaciones de la formación suben.

También puede ser útil para generar una conversación entre personas distintas, empatizar, adaptarnos.

Pero ese mismo efecto también ocurre con el eneagrama. También ocurre, en un sentido todavía más extremo, con el horóscopo. Millones de personas leen una descripción de Capricornio o Escorpio y encuentran en ella partes de sí mismas.

La popularidad de una clasificación, su capacidad para generar conversación o la sensación subjetiva de “me ha clavado” no son evidencia de que el modelo represente bien la estructura de la personalidad.

Cuidado. No estoy diciendo que DISC y astrología sean científicamente equivalentes. No lo son.

Algunos instrumentos DISC concretos han estudiado su fiabilidad y aportan evidencia psicométrica propia. TTI publica un manual técnico extenso y Wiley hace lo mismo con Everything DiSC. (TTISI Images)

El paralelismo está en otra parte: Tendemos a confundir poder narrativo con poder explicativo.

Y cuanto más reconocible resulta una descripción, menos sentimos la necesidad de preguntar de dónde sale.

El eneagrama ofrece un ejemplo intermedio interesante. Tiene nueve tipos, un lenguaje rico y una enorme capacidad para generar identificación personal. Sin embargo, una revisión sistemática de 104 muestras encontró evidencia mixta sobre su fiabilidad y validez. (PubMed)

Lo que quiero decir es que un modelo sea intuitivo, memorable y popular no lo convierte en una buena teoría de personalidad.

El gran truco de las tipologías

Psicológicamente, hay una razón por la que DISC (y en menor medida el MBTI o eneagrama) son mucho más atractivos que el Big Five: su sencillez. Dicen algo parecido a: “Tú eres esto.” Azul, rojo, verde o amarillo. Toda la infinita complejidad humana reducida a cuatro colores y etiquetas. Fácil y cómodo. Sin matices ni combinaciones de factores.

Una vez «vendida» la idea de cuatro categorías, el informe detalla 20 páginas de descripciones y detalles relativamente ambiguos sobre el sujeto analizado.

Y aquí hay una trampa psicológica potente: Cuantas más cosas dice el informe, más probable es que encontremos varias que nos encajen. Después concluimos: “Es increíble. Me ha descrito perfectamente.”

No hemos comprobado necesariamente la validez del test. Hemos comprobado que una narración suficientemente amplia contiene elementos con los que podemos identificarnos. Eso ya lo inventaron hace mucho tiempo con el horóscopo.

En cambio, la investigación moderna sobre personalidad suele decir algo mucho menos satisfactorio y que requiere más esfuerzo cognitivo: “Puntúas relativamente alto en esta dimensión, medio en esta otra, algo bajo en aquella, y la combinación de facetas importa. Cada persona tiene una personalidad compleja, que combina distintas tendencias en proporciones variables.”

Es bastante menos sexy. No puedes ponerlo fácilmente en una camiseta. No sirve tan bien para decir durante una comida: “Es que soy C.”

Pero tiene una enorme ventaja: se parece más a cómo funcionan realmente las diferencias humanas.

La investigación que llevó al Big Five surgió precisamente de estudiar estadísticamente cómo se agrupan multitud de rasgos descriptivos. No de decidir primero qué cinco cajas parecían bonitas. La estructura de cinco grandes factores fue emergiendo y replicándose a lo largo de décadas de investigación. (Annual Reviews)

Eso no convierte al Big Five en una verdad revelada. Hay discusiones sobre número de factores, facetas, culturas, modelos alternativos como HEXACO y niveles de abstracción.

Pero fíjense en la diferencia: la discusión científica consiste en ver qué estructura explican mejor los datos.

En DISC, con demasiada frecuencia, la discusión consiste en encontrar una explicación convincente para cuatro letras que ya estaban allí.

“Pero está validado”

Ésta suele ser la respuesta. Aquí conviene introducir una distinción básica. Una herramienta puede producir puntuaciones consistentes y eso no significa que cualquier conclusión obtenida a partir de ellas sea válida.

Fiabilidad y validez no son sinónimos. Y “validez” tampoco es un sello binario que se obtiene una vez y sirve para siempre.

La pregunta correcta no es: “¿Está validado?”

Sino: “¿Qué evidencia existe para esta interpretación y este uso concreto?”

  • ¿Para describir estilos?
  • ¿Para predecir rendimiento?
  • ¿Para seleccionar comerciales?
  • ¿Para identificar líderes?
  • ¿Para decidir promociones?
  • ¿Para recomendar carreras?

Cada una es una afirmación diferente. Y necesita evidencia diferente.

Un manual con buenas alphas de Cronbach no autoriza automáticamente todas las demás.

En realidad, ni siquiera hay “UN DISC” validado. Éste es otro asunto que debería incomodarnos. A los vendedores se les llena la boca de palabras sofisticadas como «validez» y «fiabilidad».

En las empresas decimos: “Hemos hecho el DISC.” Como si “el DISC” fuera un único test estandarizado y universalmente validado para cualquier uso. No lo es.

Existen diferentes proveedores, formatos, algoritmos, escalas, normas e interpretaciones. TTI tiene su DISC. Wiley tiene Everything DiSC. Otros proveedores tienen variantes distintas.

Y no sólo cambia la presentación. Cambia incluso la forma de conceptualizar el modelo. En TTI, por ejemplo, se miden cuatro factores conductuales: Dominance, Influence, Steadiness y Compliance. Su documentación actual los presenta directamente como cuatro dimensiones. (TTISI Images). Everything DiSC utiliza otra representación y organiza su circunferencia a partir de dimensiones como active–thoughtful y questioning–accepting.

Esto plantea una pregunta bastante incómoda:

Si dos productos dicen medir DISC pero no definen de la misma manera la arquitectura psicológica que hay debajo, ¿qué significa exactamente decir que DISC está validado?

¿Todo DISC? ¿Uno determinado? ¿La idea de Marston? ¿El cuestionario de un proveedor? ¿La rueda? ¿Los cuatro factores? ¿Los dos ejes? ¿Los textos interpretativos?

Cuando hablamos de “validez del DISC” sin responder a eso, probablemente estamos diciendo bastante menos de lo que creemos.

No quiero decir que nada que tenga que ver con el DISC no tenga ninguna validación científica, sino que nunca se especifica qué, cómo y para qué se ha validado. No por validar estadísticamente la dicotomía introversión-extroversión implica que todos los modelos, informes e inferencias que se etiquetan como DISC estén validados.

La comparación incómoda con el horóscopo y el eneagrama

Volvamos por un momento al horóscopo.

¿Por qué a tanta gente le parece que funciona? No porque las estrellas tengan necesariamente capacidad predictiva.

Sino porque las descripciones pueden ser reconocibles, ambiguas, generosas y suficientemente generales como para que encontremos partes de nosotros en ellas.

Y, sobre todo, porque queremos una historia que explique quiénes somos.

DISC satisface una parte de esa misma necesidad psicológica de una manera mucho más sofisticada y profesional.

  • Hay cuestionarios.
  • Hay baremos.
  • Hay gráficos.
  • Hay manuales.
  • Hay certificaciones.
  • Hay consultores que hablan con confianza y autoridad sobre temas que la gente desconoce.

Por eso repito: no estoy equiparando su evidencia científica con la astrología. Estoy haciendo una comparación sobre nuestra reacción como usuarios.

Poniendo otro ejemplo, el eneagrama tiene nueve tipos y una narrativa mucho más compleja que DISC. Sus usuarios pueden hablar durante horas de alas, integraciones, desintegraciones, motivaciones y patrones. El sistema posee una riqueza interpretativa extraordinaria. Precisamente por eso resulta tan convincente.

Pero la riqueza de una teoría no es evidencia sobre su verdad. La revisión sistemática que mencionaba antes encontró resultados mixtos sobre su fiabilidad y validez. (PubMed)

Y esto señala algo importante: podemos construir sistemas psicológicos enormemente sofisticados alrededor de unas categorías sin haber demostrado primero que esas categorías constituyen una buena representación de la personalidad.

La sofisticación posterior no arregla necesariamente el problema inicial.

En ambos casos existe una pregunta más incómoda que deberíamos hacernos: ¿Me convence porque está bien demostrado o porque la historia que cuenta me resulta intuitiva?

El caso del “perfil natural” y el “adaptado”

Algunas versiones DISC añaden otra capa particularmente atractiva: “Así eres realmente.” vs. “Así te estás adaptando al entorno.”

Es una idea magnífica desde el punto de vista narrativo. Explica tensiones. Permite hablar de estrés. Da profundidad al informe. Permite explicar incoherencias, contradicciones o cosas que no encajan al cliente. Pero conviene preguntar: ¿Cómo sabe el cuestionario cuál es mi verdadero yo y cuál es mi adaptación?

En TTI, por ejemplo, ambos perfiles se infieren a partir de diferentes patrones de respuesta dentro del mismo cuestionario. El manual técnico explica cómo las elecciones consideradas más y menos descriptivas contribuyen de manera distinta a esos perfiles. (TTISI Images) Eso puede producir información interesante.

Pero existe una enorme distancia entre decir: “estos dos patrones de respuesta son diferentes” y afirmar: “uno representa tu naturaleza auténtica y otro cómo te estás adaptando al entorno”.

El segundo enunciado contiene mucha más teoría que dato. Sin embargo, ¿cuántas veces en coaching lo presentamos casi literalmente como: “Éste eres tú de verdad y aquí estás haciendo un esfuerzo para adaptarte”? El lenguaje transforma una inferencia discutible en un hecho psicológico.

Descripción vs. inferencia

Y después hacemos inferencias enormes a partir de muy poco. Aquí es donde el asunto deja de ser una discusión académica y empieza a tener un peligro práctico.

Una persona contesta un cuestionario. Obtiene unas puntuaciones. Y de ahí pueden aparecer afirmaciones sobre:

  • cómo toma decisiones;
  • qué la motiva;
  • qué tipo de jefe necesita;
  • cómo debe comunicarse con ella;
  • qué ambiente de trabajo le conviene;
  • cómo reaccionará bajo presión;
  • qué áreas debería desarrollar.
  • a qué distancia de esa persona se debe hablarle (exactamente un metro, en el último informe que llegó a mis manos)

Y el consultor / formador / mentor de turno le hará recomendaciones basadas en esas inferencias.

Detengámonos un momento. ¿Se han medido todas esas cosas? Normalmente, no. Se han inferido. Y no es lo mismo.

Al preguntar a una persona, puedes obtener patrones sobre esa persona (suponiendo que lo preguntas bien, que lo que preguntas es representativo de su realidad y que la persona puede responder sin sesgos). Si esos patrones los comparas con los de otras personas que caen en la misma tipología, puedes hablar de lo que suele hacer ese tipo de persona (pero no necesariamente cada individuo). Y en tercer lugar, cuando sacas conclusiones que no has medido sino inferido en la persona ni en su colectivo, estás jugando a ser adivino. Hay tres saltos que has dado, cada uno de ellos lleno de posibles errores.

Por ejemplo, si un instrumento mide razonablemente una tendencia a la reserva interpersonal, quizá podamos formular hipótesis más o menos razonables sobre su estilo de comunicación en público. Una persona responde tres preguntas con las que identifico con que cae en mi categoría de introvertido, y automáticamente infiero que le cuesta hablar en público. Pero en realidad no lo hemos verificado en esa persona, tal vez ni siquiera en su categoría de personas, o quizás sí se muestra en su categoría pero no en ese individuo. O tal vez esa persona ha aprendido habilidades para compensar su tendencia natural.

Otro ejemplo: Si alguien puntúa alto en conformidad con normas y procedimientos, quizá podamos inferir una preferencia por seguir una estructura o proceso en su trabajo. No significa automáticamente que sepamos qué tipo de jefe necesita o que se le dé mal improvisar.

Sin embargo, los informes comerciales convierten con extraordinaria facilidad una puntuación en un relato completo sobre temas que no se han preguntado, sino inferido. Con adjetivos que describen a esa persona, cómo reacciona en situaciones de estrés medio y alto, recomendaciones de comportamiento, planes de acción, etc.

¿Y qué puede salir mal?

Mucho más que un taller mediocre. Un mal uso de este tipo de herramientas tiene implicaciones en las vidas y carreras profesionales de las personas. En su selección, desarrollo, ascensos, etc. Incluso en su autoconcepto y su autoestima. He visto bastantes casos de personas desmoralizadas o desencaminadas por un mal informe o un mal profesional que lo interpreta.

Imaginemos algunas situaciones perfectamente plausibles.

“No contratemos a esta persona: tiene poca I”

Queremos un comercial. El candidato tiene poca “Influencia”. Alguien concluye que no encaja. Pero quizá venda extraordinariamente bien mediante conocimiento técnico, escucha, credibilidad y confianza.

Hemos convertido una escala conductual en una regla de selección.

“Necesitamos un D para liderar este equipo”

Asociamos liderazgo con Dominancia. Preferimos al candidato más decidido, competitivo y directo. Pero liderazgo no es Dominancia.

Dependiendo del contexto pueden ser críticos la responsabilidad, la estabilidad emocional, la capacidad cognitiva, la integridad, la cooperación, el aprendizaje o muchas otras variables.

La simplicidad del modelo empieza a ocultar variables relevantes.

“Tienes que comunicarte con ella así porque es C”

Al principio adaptamos nuestra comunicación. Bien.

Después dejamos de observar a la persona. Ya sabemos cómo es. Es azul.

Paradójicamente, una herramienta creada supuestamente para entender mejor a los demás puede acabar convirtiéndose en un estereotipo cognitivo.

“Nuestro equipo tiene demasiado verde”

Miramos la rueda de colores y pensamos que tenemos un problema de composición. Quizá no tenemos ningún problema de personalidad.

Quizá tenemos un problema de objetivos, incentivos, procesos, confianza, competencias, estructura organizativa o liderazgo.

Pero DISC ofrece una explicación visible, fácil y disponible. Y cuando tenemos un martillo de cuatro colores, todos los problemas empiezan a parecer perfiles.

“Tu perfil natural no encaja con el puesto”

Esta frase ya me preocupa bastante más. Porque hemos pasado de una conversación sobre preferencias a una afirmación sobre adecuación profesional.

Si la herramienta no ha demostrado una capacidad suficiente para predecir aquello que estamos evaluando, estamos tomando una decisión importante con una información que no lo justifica.

Y en selección o promoción, además, esa decisión afecta a otra persona.

Éste es el verdadero problema: el uso excede la evidencia

Si DISC se utilizara exclusivamente para iniciar una conversación en un equipo, probablemente no escribiría este artículo. Podría decir: “Es simplificado, pero ayuda a hablar de estilos.” Fin.

De hecho, cuando no me queda más remedio que usar el DISC, lo enfoco de esta manera, como un modelo simplificado que permite dialogar sobre nuestras tendencias y diferencias y empezar a interesarnos por la psicología de la personalidad.

El problema es que rara vez se queda ahí. Las herramientas organizativas sufren una especie de inflación funcional.

  1. Primero: “Vamos a conocernos mejor.”
  2. Después: “Vamos a utilizarlo para formar líderes.”
  3. Luego: “Vamos a ver qué perfiles necesitamos en el equipo.”
  4. Más tarde: “Incorporemos el perfil a selección.”
  5. Y finalmente: “Este candidato encaja/no encaja.”

La herramienta no se ha vuelto más válida durante el proceso. Sólo hemos empezado a pedirle cada vez más cosas.

Ése es quizá el mayor riesgo de DISC en las empresas. No que sea completamente inútil. Sino que es suficientemente útil y atractivo como para darnos confianza para utilizarlo mucho más allá de lo que podemos justificar.

Big Five resulta menos satisfactorio precisamente porque no intenta contarnos una historia tan bonita

Big Five tiene otros defectos. No explica todo. Sus cinco factores son amplios. No genera un número finito de categorías sino infinitas combinaciones de cada uno de sus cinco factores en distintas proporciones. Hay cuestiones culturales y metodológicas. Dependiendo del propósito pueden resultar más útiles determinadas facetas o modelos alternativos.

Pero tiene una virtud que para mí pesa enormemente: su estructura está mucho más anclada en investigación acumulada sobre diferencias individuales. Actualmente es un modelo mucho más reputado psicométricamente que el DISC por científicos, no por consultores.

La tradición que dio lugar al modelo de cinco factores estudió cómo covariaban enormes cantidades de términos y rasgos de personalidad y encontró repetidamente grandes dimensiones semejantes. (Annual Reviews)

En otras palabras, la pregunta fue fundamentalmente: “¿Qué estructura encontramos que permita explicar la personalidad humana?” y no: “Tenemos cuatro estilos. ¿Cómo podemos explicarlos?”

Ésta no es una pequeña diferencia metodológica. Es una diferencia de filosofía.

Entonces, ¿por qué seguimos utilizando DISC?

Porque tiene muchas ventajas. Sólo que algunas no son psicométricas.

  • Es fácil de aprender.
  • Es fácil de explicar.
  • Es agradable visualmente.
  • Los informes impresionan.
  • Permite vender talleres.
  • Genera conversación.
  • Los clientes lo conocen.
  • Los participantes lo recuerdan.
  • Hay certificaciones y materiales disponibles.
  • Y algo particularmente importante: nosotros, los consultores, sabemos utilizarlo.

Tengamos en cuenta que el DISC es un producto que lleva décadas siendo comercializado, y que tiene una potente industria detrás. Muchos de los consultores / vendedores que lo promueven nunca han conocido otras alternativas ni hecho un estudio crítico de lo que venden vs. otras alternativas. Y si las conocieran, no tienen el incentivo económico para promocionarlas.

Otro factor es que muchas veces el comprador no es experto en psicología de la personalidad ni en psicometría. Muchos directores de RRHH son ingenieros, de relaciones laborales, ADE, derecho o cualquier otro campo. Lo cual no es malo en sí mismo. Lo malo es comprar la moto que te quieren vender sin saber de motos, simplemente porque te gustan sus colores y parece fácil de utilizar.

Y esto se refuerza en el tiempo, al ser el modelo incuestionado entre compradores y vendedores. Resulta muy incómodo ser el niño que señala al rey desnudo, la oveja negra, el pájaro de mal agüero, o simplemente revisar críticamente un modelo fácil, cómodo y consensuado.

Cambiar de herramienta tiene un coste. Hay que aprender. Hay que leer. Hay que cuestionar materiales que hemos utilizado durante años. Quizá incluso reconocer que hemos dicho cosas con demasiada seguridad.

Eso resulta incómodo. Es mucho más cómodo seguir utilizando el instrumento conocido y responder: “Todos los modelos tienen limitaciones.”

Por supuesto. También todos los coches tienen limitaciones. Eso no significa que todos frenen igual o me permitan llegar a los mismos sitios.

Los profesionales de personas deberíamos tener un estándar algo más alto

Hay algo paradójico en todo esto. Nos dedicamos a decir a líderes y organizaciones que deben:

  • cuestionar sus supuestos;
  • evitar sesgos;
  • aprender;
  • utilizar datos;
  • cambiar prácticas obsoletas;
  • no hacer algo simplemente porque siempre se ha hecho así.

Pero cuando llegamos a nuestras propias herramientas podemos ser extraordinariamente conservadores. “El DISC funciona.”

¿Qué significa “funciona”?

  • ¿Que la gente disfruta del taller?
  • ¿Que reconoce las descripciones?
  • ¿Que recuerda los colores?
  • ¿Que cambia su comportamiento seis meses después?
  • ¿Que mejora la cooperación?
  • ¿Que predice desempeño?
  • ¿Que mejora decisiones de selección?

Son afirmaciones completamente diferentes. Tal vez debamos empezar por precisar cuál estamos haciendo.

No espero que pienses como yo. Espero que, como yo, pienses.

No propongo cambiar un dogma por otro. No estoy sugiriendo: “Tire su DISC y compre mañana un Big Five.” Ésa sería exactamente la misma mentalidad.

Propongo algo bastante más exigente. Antes de utilizar una herramienta psicológica, preguntemos:

  • ¿Qué constructo quiero medir?
  • ¿Por qué y para qué necesito medirlo?
  • ¿Hay un modelo claro y coherente?
  • ¿Qué evidencia respalda el modelo y este instrumento concreto?
  • ¿Para qué usos está validado (o al menos hay indicios de que resulte útil)?
  • ¿Qué alternativas existen y cuáles son sus ventajas e inconvenientes?
  • ¿Qué decisión voy a tomar con el resultado o cómo lo vamos a aplicar?

Y una última pregunta especialmente incómoda:

¿Lo estoy utilizando porque es la mejor herramienta disponible o porque es la que conozco?

Si la respuesta es la segunda, quizá sea hora de hacer lo mismo que recomendamos continuamente a nuestros clientes: Aprender, revisar nuestras creencias y sesgos, mejorar.

Porque cuatro colores pueden ser una excelente ayuda para una conversación. Pero cuatro colores no convierten un mal modelo en una buena representación científica de la realidad, ni siquiera en una herramienta útil para tratar con personas.

No obstante, puedes volver a poner la radio en la misma emisora y poner el reggaeton en bucle, si es lo que te gusta. 😉

Tremendos datos del HR Transformation Survey: la operativa se come a la estrategia y la transformación en RRHH

Miguel Valdivieso es un pionero de la IA en RRHH, y ha compartido en su linkedin un análisis del HR Transformation Survey. Los resultados son muy preocupantes y arrojan una conclusión clara: en la mayoría de empresas, RRHH se supone que debe ser estratégico, pero en realidad está sumergido en tareas operativas. Recomiendo que leas su análisis completo, pero extraeré algunas ideas clave para este post.

Aunque Miguel arrima el ascua a su sardinIA ;-), la lectura es más amplia que la mera implantacion tecnológica, y tiene que ver con procesos, estrategia, recursos, mentalidades, etc. Los datos son muy interesantes, ponen el dedo en la llaga y señalan al rey desnudo. Justamente por eso, temo que los implicados (muchos bienqueda, postureadores y funcionarios de los RRHH y muchos altos directivos que siguen sin creer en las personas) no harán mucho al respecto. Pero siempre queda la esperanza de que remueva alguna conciencia.

El HR Transformation Survey es un estudio propio realizado entre 160 profesionales de HR — CHROs, directores de área, HRBPs — de organizaciones de todos los tamaños y sectores. El 83% ocupa posiciones de liderazgo HR senior. Más que de opinión, es un diagnóstico directo de quienes están dentro.

Lo que los datos muestran de forma consistente, en prácticamente todos los epígrafes, es que existe una distancia significativa entre el rol que el negocio espera de HR y el estadio en el que la función opera hoy. Esa distancia tiene causas concretas. Y tiene consecuencias.

El 75% del tiempo en operaciones

El punto de partida es este: el 75% de los equipos HR dedica más de la mitad de su tiempo a trabajo operativo. Para el 20%, esa carga supera el 75% del tiempo total. Solo el 5% opera por debajo del 25%.

Intención declarada…. pero sin infraestructura.

El 40% de las organizaciones tiene un mandato formal del CEO para transformar HR, con recursos asignados. Es un dato positivo. El problema es lo que viene a continuación.

El 56% no tiene plan formal de transformación HR. El 91% no tiene presupuesto alineado con su ambición. El 37% no tiene IA integrada en ningún proceso. Y solo el 9% cuenta con medios reales para ejecutar lo que dice necesitar.

La madurez proceso a proceso

El HR Maturity Index del survey analiza nueve procesos. El patrón es constante: en todos ellos, aproximadamente el 75% de las organizaciones opera en estadio operacional. No hay excepciones.

La IA: adopción individual, integración pendiente

El 44% usa herramientas de IA para productividad personal — Copilot, GPTs, Gemini. El dato es real, pero hay que leerlo bien: productividad personal significa que el individuo trabaja más rápido, pero el proceso no ha cambiado. El servicio no ha cambiado.

Solo el 4% está en lo que el survey llama transformación real: IA integrada en procesos con resultados contrastables. El 37% no ha incorporado IA en ningún proceso de manera formal. El 1% tiene agentes autónomos activos.

Solo el 14% trabaja en el rediseño del trabajo humano-IA. Solo el 1% tiene agentes activos. Solo el 3% tiene una estructura organizada por journeys o dominios de valor. Solo el 5% es reconocido como socio estratégico por el negocio.

El problema no es la herramienta. Es la capacidad para explotarla.

El 34% declara que su principal limitación tecnológica es la infrautilización: tienen tecnología que no están aprovechando, o no cuentan con capacidad interna para gestionarla. Solo el 13% habla de tecnología obsoleta.

Esto cambia el diagnóstico. Si el problema fuera de acceso, la solución sería comprar. Pero cuando la limitación principal es la capacidad para explotar lo que ya se tiene, invertir en más herramientas sin resolver primero esa capacidad produce el mismo resultado: tecnología que no genera valor.

El 72% de las funciones no tiene gobierno real sobre su propio roadmap tecnológico. IT decide, o HR propone sin criterio estratégico compartido. Solo el 28% lidera su roadmap con autonomía.

El modelo operativo como punto de partida

Solo el 16% opera con un modelo Ulrich evolucionado — el que libera al HRBP para ejercer un rol estratégico real. El 3% trabaja por journeys del empleado. El 1% tiene un modelo orientado a productos o plataformas. El 77% restante opera con estructuras clásicas que no están diseñadas para prestar el tipo de servicio que el negocio está pidiendo hoy.

A esto se suma que el 40% de las organizaciones no mide la efectividad de HR de ninguna forma sistemática. De las que sí miden, solo el 26% conecta esas métricas con resultados de negocio. Sin ese vínculo, HR no puede demostrar su valor de forma objetiva.

¿Cosechar o cazar talento? Buenas prácticas en Michelin

La escasez de talento no es un fallo del sistema, es un resultado natural del mismo

Muchas empresas se quejan de que no consiguen encontrar o renovar el talento que necesitan. Gastan mucho dinero perdiendo y captando talento en el mercado cuando les falta, cuando ya es demasiado tarde y les impacta en el negocio. O convierten a excelentes técnicos en pésimos managers sin las habilidades necesarias. O racanean en remuneración y desarrollo, pero hacen vistosos power points y caras campañas de comunicación sobre la marca de empleador y la responsabilidad social.

Por otra parte, las universidades sacan cientos de graduados con grandes conocimientos teóricos y ninguna experiencia práctica ni habilidades interpersonales. Y eso en carreras con demanda en el mercado. Ni siquiera hablemos de todos los titulados cuya demanda en el mercado es nula. O de carreras con unas notas de corte completamente absurdas mientras faltan profesionales.

Entre unos y otros (sistemas educativos y empresariales), el desajuste en el suministro de talento (el «talent pipeline» que diría un consultor presuntuoso ;-)) es brutal. Y eso tiene serias repercusiones económicas, sociales y vitales para todos los implicados.

¿Amenaza o ventaja competitiva? El caso de Michelin

Como no podemos cambiar un sistema social complejo de golpe, lo inteligente es usar sus carencias como ventaja competitiva. Pero pocas empresas asumen la responsabilidad y el compromiso para cultivar el talento que necesitarán en los próximos años.

Por suerte, hay excepciones que nos muestran el camino. Desde hace muchos años tengo el placer de trabajar desarrollando personas en Michelin, con distintos programas de formación, entrenamiento, coaching, mentoring, etc.

Y una cosa que valoro es que no es flor de un día, sino una estrategia de largo plazo. Durante la vida profesional de los empleados de Michelin, su desarrollo y bienestar son inversiones permanentes. Además, son muy competitivos salarialmente y en beneficios sociales.

Todas estas políticas de inversión en las personas, mantenidas durante décadas, les permite tener unas tasas de rotación bajísimas y un grado de compromiso que la mayoría de empresas envidian. Por no hablar de la calidad y valor de sus productos, que también consumo como cliente.

Cambio de paradigma: de la caza y consumo al cultivo

Y es que la mayoría de empresas españolas han vivido décadas en un mercado laboral desequilibrado y disfuncional (gracias a los políticos) en el que la mano de obra era un coste y un incordio que minimizar. Se contrataba mano de obra poco valiosa y mal pagada (para el empleado) aunque cara (para el empleador) cuando realmente era imprescindible. Y siempre había gente desesperada y lista para aceptar bajos salarios en trabajos poco productivos. Así, la inversión en el talento a largo plazo ha sido más la excepción que la norma.

Pero los tiempos y las generaciones han cambiado. Los profesionales valiosos son escasos, y su atracción, desarrollo y fidelización exigen un cambio de paradigma. Como sucedió entre el paleolítico y el neolítico, ya no basta con salir a cazar en el mercado cuando tienes hambre; hay que sembrar, cultivar y cuidar el talento si quieres recoger una buena cosecha.

Muchos directores de RRHH estarán de acuerdo con estas ideas. Y (con gran frustración para ellos) muchas de sus empresas no estarán dispuestas a pagar el precio de invertir en su capital humano. Prefieren ponerse en una desventaja competitiva estratégica y seguir con el viejo paradigma.

Formando a los futuros ingenieros con Michelin y la UVa

Sin embargo, Michelin y la UVa tienen un convenio para formar a algunos jóvenes ingenieros en habilidades blandas que necesitarán en el trabajo y en la vida.

Durante 5 días, reciben el mismo entrenamiento que los propios empleados de Michelin en varias habilidades de comunicación, presentaciones, reuniones y trabajo en equipo. Sin ningún compromiso, deuda u obligación por los estudiantes.

Esto es practicar lo que se predica por convicción, no por paripé. El retorno a la inversión en términos de talento y reputación será lento, intangible y no saldrá en los resultados contables a corto plazo, pero cierto.

Es un privilegio participar y compartir tiempo e ideas con los futuros profesionales y líderes. Muchas gracias a todos los organizadores por hacerlo posible, y a los alumnos por participar y publicarlo en linkedin.

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8 habilidades clave, según el WEF

Me ha parecido interesante este post en linkedin de Silvia Escribano, en el que desgrana algunas de las habilidades blandas que serán una ventaja competitiva en el futuro. Te recomiendo leer el post original, pero resumo los principales conceptos:

1) Pensamiento analítico: separar señal de ruido (y decidir con calma)

  • Qué es: La capacidad de descomponer problemas complejos, ver causas y efectos y elegir dónde colocar la energía.
  • Por qué importa: Sin análisis, la agenda se llena de urgencias

2) Pensamiento creativo: crear opciones cuando parece que no hay

  • Qué es: Generar posibilidades útiles fuera del patrón habitual.
  • Por qué importa: La saturación de mercado convierte la diferenciación en un deporte mental.

3) Aprender, desaprender y reaprender:

  • Qué es: Actualizar modelos mentales a la velocidad del cambio.
  • Por qué importa: Lo que te trajo aquí no te llevará allí.

4) Autorregulación emocional y resiliencia:

  • Qué es: Reconocer tu estado y regularte para responder y no reaccionar.
  • Por qué importa: Un líder desregulado contagia ruido y acelera el desgaste del equipo.

5) Empatía e influencia:

  • Qué es: Entender al otro y movilizar sin imponer.
  • Por qué importa: Sin confianza, no hay velocidad. Sin velocidad, no hay ventaja.

6) Curiosidad y mentalidad de crecimiento

  • Qué es: Aproximarse a lo desconocido con interés, no con defensa.
  • Por qué importa: La curiosidad detecta oportunidades.

7) Fluidez digital y con IA

  • Qué es: Alfabetización práctica en datos, automatización y copilots de IA.
  • Por qué importa: Si el comité no entiende el potencial, decide con mapas viejos.

8) Colaboración y liderazgo adaptativo

  • Qué es: Ajustar el estilo según contexto y capacidades del equipo.
  • Por qué importa: Un único estilo mata la velocidad; la adaptación la acelera.

Mi reflexión (crítica)

En la lista no está el pensamiento crítico, aunque yo lo añadiría, ya que creo que cada vez es más necesario en un mundo lleno de infoxicación y ruido. Apliquémoslo a esta lista.

Empecemos reconociendo que estas habilidades son deseables y seguramente serán importantes para el futuro. Ojalá los managers pudieran aprenderlas y, quienes nos dedicamos a esto, ayudarles en el proceso.

Respecto a la originalidad, nada nuevo que no llevemos décadas proponiendo (con éxito desigual) a los directivos de las empresas. Pero si lo dice el WEF, a lo mejor le hacen caso. Ya sabemos que muchas veces las políticas de gestión van por modas.

En cuanto a la formulación, es bastante discutible y arbitraria. Hay «habilidades» que van separadas cuando podrían ir juntas y otras que van juntas cuando tocan temas distintos. Hay una habilidad (fluidez digital y con la IA) que es técnica, no soft. Faltan otras importantes. Las definiciones y justificaciones son mejorables. En definitiva, la típica lista bien intencionada pero con poco fundamento.

En cuanto al desarrollo de estas habilidades, en ese post se sugiere algunas ideas para entrenarlas. La realidad, como en toda habilidad humana, es más compleja. Una habilidad no se adquiere (menos aún a nivel sistémico) con un par de tips o de iniciativas, ni siquiera con formación.

Si te interesa el tema y quieres una conversación más rica al respecto, encantado de atenderte en info@revitalent.com

Mientras tanto, te dejo algunos posts anteriores:

Conclusiones ¿Por qué la formación en liderazgo no funciona en tu empresa?

Caso de éxito: Mejora medible de habilidades de liderazgo

¿Hasta los webinars de videoconferencias y de e-learning? ¿Cómo crees que será el futuro del desarrollo de habilidades.

¿Qué es el liderazgo? (Desconfía de quien tenga LA respuesta)

Diccionario de habilidades directivas y profesionales ReviTalent 2015

España: suspenso en atracción del talento

El curso empieza y España sigue suspendiendo la asignatura de capital humano, especialmente en la atracción y fidelización del talento. Veamos algunas noticias recientes:

  • Según revela el informe ‘Perspectivas Laborales Intergeneracionales’, elaborado por Gi Group Holding, el 18,5% de los españoles ha considerado emigrar a otro país por razones laborales, pero no ha tomado una decisión al respecto. Asimismo, un 8,5% reconoce estar en proceso de hacerlo y un 11,8% reconoce haber tenido varias experiencias laborales en el extranjero. Casi el 20% de los jóvenes entre 18 y 24 años está en proceso de emigrar por motivos laborales.
  • Los negocios más pequeños, aquellos que tienen uno o dos trabajadores, están en retroceso desde 2022. En tres años, España ha perdido 11.143 de estas micropymes, que suponen más de la mitad (51,4%) del total de empresas activas.
  • Las cuotas de miles de autónomos y los costes salariales de las empresas volverán a subir, tras las enormes subidas de los últimos años. España ya es el tercer país de la Unión Europea que más recauda por las cotizaciones de autónomos y empresas

Claro, que esto no es nuevo ni sorprendente. En este blog llevamos tiempo denunciando la descapitalización humana y empresarial de España:

Es decir, desde hace años castigamos al talento (especialmente joven), a autónomos y emprendedores hasta que desaparecen o emigran.

Pero, según nuestros insignes líderes todo está controlado: en los próximos años se van a dejar entrar a más de 3 millones de inmigrantes para pagar las pensiones. No parece importarles que estos «jovenlandeses» suelen venir con escaso talento, cualificación, conocimiento de la lengua, respeto por la cultura y las leyes, ganas de integrarse, etc.

Algunos tendrán trabajos poco cualificados o informales. Otros (especialmente de cierta cultura que no está permitido mencionar), siendo el 15% de la población, cometen más de un tercio de los delitos (los registrados oficialmente). Y todos ellos requieren vivienda, comida, atención social y sanitaria, servicios públicos, paguitas, etc.

En definitiva, perdemos talento valioso y acogemos gente que aporta muy poco o resta. Si España fuera una empresa, sus políticas de atracción del talento merecerían un juicio sumarísimo al director de recursos humanos por administración desleal.

¿Cuánto tiempo aguantaremos antes de exiliarnos? Es una decisión difícil. Por si acaso, recomiendo ir haciendo planes y buscando alternativas.

Fuentes:

https://www.fororecursoshumanos.com/hacer-maletas-oportunidades-laborales/?utm_source=mailpoet&utm_medium=email&utm_campaign=newsletter-fororecursoshumanos-com_1

https://www.autonomosyemprendedor.es/articulo/grandes-empresas/funcas-alerta-que-cierre-micropymes-costes-lastrara-medianas-grandes-empresas/20250616171320043316.html

https://www.eldebate.com/espana/20250715/pilar-alegria-reconoce-inmigrantes-13-poblacion-cometen-27-delitos-totales_317467.html

¿Tu perfil es superespecialista, generalista, T, M, V?

Cuando trabajo con equipos, especialmente con equipos que aspiran a ser de alto rendimiento, a veces comparto un concepto que suele llamar la atención: las letras de los perfiles profesionales.

En la época preindustrial todo el mundo hacía un poco de todo, desde cultivar, hasta construir, afilar, remendar, etc. Eran generalistas.

Las empresas industriales encontraron una gran eficiencia con la especialización del trabajo, véase la famosa historia de Adam Smith con la fábrica de alfileres. Eso llevó a perfiles en forma de I, muy especializados y con gran profundidad en una sola tarea, pero ignorantes de todas las relacionadas.

En tiempos recientes, en los que los puestos requieren más flexibilidad, innovación y conexión, cada vez se necesitan perfiles en forma de T, o incluso de M o V.

Gracias a Hugo Calvo por compartir este diagrama en linkedin.

Conozco unos cuantos casos de personas que llevan 20 años especializándose en una función, tarea o tecnología… para quedarse obsoletas de repente. ¡No seas una de ellas!

Sigue aprendiendo durante toda tu carrera profesional. Sé un gran experto en al menos una función o habilidad, pero con capacidad de conectarla o desarrollar otras. El desarrollo no es un curso puntual que te da tu empresa, es una mentalidad y disciplina durante toda tu vida. ¡Nunca pares de aprender!

Microjubilación, periodos sabáticos y otras fórmulas alternativas a la carrera profesional tradicional

La ruptura entre el modelo tradicional y las nuevas generaciones

No sé si es por el ritmo de trabajo del último año, pero en mi entorno y familia ya necesitamos unas vacaciones. En general, los buenos profesionales de la generación X trabajan mucho y les (¿nos?) cuesta equilibrar la vida personal y familiar. Tendemos a trabajar demasiado, y se nos pasa la vida sin apenas disfrutarla. ¿Te acuerdas que de pequeño querías ser grande para hacer lo que te diera la gana?

Por otra parte, también hablaba con un amigo sobre lo difícil que lo tienen los jóvenes para independizarse y construir una familia y una vida. Desde el sistema educativo y laboral les proponemos un camino de estudiar hasta los 25 años, para luego trabajar durante otros 50 o 60 años saltando de un trabajo incierto a otro, 40h a la semana, para pagar la mayor parte del salario en alquileres, gastos, impuestos y deuda pública, y lo poco que les quede en caprichos, distracciones y anestesias para camuflar su fracaso existencial.

Pero el sistema está roto y las nuevas generaciones cada vez compran menos el modelo tradicional. No se quieren subir a la rueda de Hamster. Han visto nuestras crisis de la mediana edad, desconfían del sistema educativo, de las instituciones, de las empresas, de los medios… Muchos viven desganados y desilusionados, alargan el tiempo en casa de los padres y su dependencia económica, o bien cuentan con su ayuda para comprar su primera vivienda, pero otros encuentran opciones diferentes.

Alternativas a la carrera profesional tradicional

No hay que ser un genio para darse cuenta de que ellos afrontan su vida y su carrera profesional de formas muy distintas y que incluso nos resultan chocantes. Hoy he leído un interesante artículo en el Diario de León al respecto, en el que mencionan algunas tendencias, que a menudo se combinan entre sí:

  • Formación profesional que les permite acceder a un trabajo rápidamente y a menudo bien pagado, en lugar de largas carreras universitarias de resultado incierto.
  • Estudios alternativos, especializados o formaciones especializadas por su cuenta o fuera del sistema reglado, en lugar de pasarse años de carrera de obstáculos desconectada de sus supuestos frutos.
  • Estudios en el extranjero, donde sufren menos para el mismo resultado, y encima tienen una experiencia vital más interesante y más opciones profesionales.
  • Microjubilación y periodos sabáticos: Trabajar de forma intermitente, haciendo pausas de meses para disfrutar de la vida entre varias etapas profesionales.
  • Trabajos a tiempo parcial o temporales, que les permiten dedicar tiempo al ocio, a la familia o a otros intereses.
  • Teletrabajo y nomadismo digital: trabajar online desde cualquier lugar del mundo lejano a sus clientes, ya sea siempre el mismo o como nómadas digitales.
  • Trabajar en profesiones alternativas o en relación con sus aficiones, ya sea como monitor de buceo, patrón de barco, trotamundos, etc.
  • Emprender en entornos o medios de comunicación digitales, en los que consideran que tienen más oportunidades de destacar y más libertad que en las empresas tradicionales.
  • Emigrar a otros países más dinámicos y favorables a los jóvenes (Andorra, Tailandia o países del este de Europa)

Si eres un profesional de RRHH o líder de equipos jóvenes te estarás echando las manos a la cabeza. Cada vez cuesta más atraer, gestionar, desarrollar y fidelizar talento joven.

Pero en cada problema hay una oportunidad. ¿Y si, en lugar de prometer cosas que valoraban las anteriores generaciones (tales como seguridad, dinero, estatus social, etc.) ofrecemos calidad de vida y armonía con otras facetas e intereses vitales?

Ese puede ser un gran atractor de un talento cada vez más escaso y renuente a integrarse en los modelos tradicionales de empresa. El reto es cómo combinarlo con el trabajo coordinado y productivo que requiere cualquier organización.

Creo que quienes sean capaces de diseñar organizaciones y políticas de RRHH capaces de combinar ambas facetas serán los supervivientes de este cambio de modelo laboral y generacional. Y esto no es una teoría fantasiosa, ya hay empresas que están incorporando propuestas audaces de RRHH como ventaja competitiva.

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Mi nuevo libro: Management audaz. ¿Qué podemos aprender las mejores empresas de los peores piratas?

¿Por qué un libro sobre los piratas del Caribe y la empresa actual?

“En la oscuridad, una vez que alguien la ha iluminado, hay descubrimiento, hay posibilidad, hay libertad…” – Capitán Flint (personaje ficticio de la serie Black Sails)

Empecemos por el origen de mi libro, conferencias y talleres sobre este tema, y por qué creo que interesan a líderes y empresas actuales.

La imagen que se nos muestra sobre los piratas del caribe en la cultura popular es atractiva pero enormemente distorsionada por la industria del entretenimiento. Se les representa como haraganes estúpidos, villanos diabólicos, o héroes románticos.

Lo que me intrigaba de las típicas caricaturas o historias de piratas es que no podían responder a una pregunta fundamental:

  • ¿Cómo es posible que unos pocos criminales incultos, alcohólicos, marginados y sin apenas recursos pusieran en jaque a los principales imperios de la época durante 200 años?

Algo tenían que hacer bien de forma sistemática para tener éxitos repetidos y desproporcionados a sus condiciones y medios ¿no? De aquí salen más preguntas:

  • ¿Cómo conseguían cooperar entre ellos y competir con éxito contra enemigos mucho más poderosos?
  • ¿Qué buenas prácticas desarrollaron respecto a liderazgo, trabajo en equipo, atracción y desarrollo del talento, incentivos y motivación, toma de decisiones, cultura organizativa, gestión de cambios y riesgos, etc.?
  • Independientemente de juicios morales, ¿qué podemos aprender de personas y organizaciones que hacen muy bien el mal?
  • ¿Cómo podemos aplicarlo y aprovecharlo para el bien de todos en el mundo empresarial actual?

El libro

Por eso he pasado años indagando y preparando historias de piratas, conectándolas con una visión moderna y provocadora del management, y finalmente escribiendo este libro.

Advierto de que no pretende ser un sesudo tratado de historia. Tampoco es un libro de economía, psicología o empresa, aunque son enfoques que usaré para aportar cierta profundidad al análisis, más allá de opiniones subjetivas.

Mis objetivos son otros: emocionarnos descubriendo algunas historias de piratas tan increíbles como ciertas, y reflexionar juntos sobre qué podemos aprender que sea útil en nuestras empresas aquí y ahora.

Evidentemente, cuando hablo de aprender y aplicar, no me refiero a matar, robar, torturar, intimidar, etc. Sino a rebelarnos contra organizaciones y personas depredadoras, injustas o mediocres, competir contra ellas o transformarlas desde dentro para el bien de empresas, personas y sociedades. Ya seas emprendedor, empresario, manager, profesional de RRHH o, simplemente, rebelde constructivo.

Los capítulos son independientes en contenido, aunque sigan un orden cronológico. En cada capítulo narro una situación histórica interesante, de forma novelada, pero basada en hechos reales, con algunas ilustraciones. También hago reflexiones, conceptos y análisis desde mi perspectiva personal y profesional, y propongo ideas y sugerencias disruptivas para aplicar en nuestra realidad.

He seleccionado algunos momentos y personajes especialmente emocionantes e importantes. Estos son las fechas, personajes y lugares que recorreremos en esta singladura:

Para todos los que me han preguntado al respecto, el libro ya está disponible para su compra online https://www.editorialkolima.com/producto/management-audaz/#

¿Qué me voy a encontrar en el libro?

Para quienes duden sobre si les puede interesar el libro, comparto un podcast en el que comentamos qué puede esperar un posible lector y qué tesoros de piratas pueden encontrar.

Lo puedes ver o escuchar en varias plataformas:

https://www.youtube.com/watch?v=Vc3yUK03myo&t=2s
https://go.ivoox.com/rf/150039754
https://open.spotify.com/show/4wOd0KrvAENmHChRFJAGn8?si=b61a6ae3edc445fb

Firma de ejemplares en la feria del libro de Madrid

¿Cuánto hace que no das un agradable paseo por el Retiro? ¿Te apetece curiosear libros y tal vez regalar/te alguno para disfrutar este verano? El próximo 15 de junio desde las 19h invito a todos los lectores del blog a la firma de ejemplares que haremos en la caseta 335 de la editorial Kolima en el Retiro.

No es obligatorio traer parche en el ojo, loro en el hombro ni comprar nada, pero si traes un buen ron brindaremos juntos. En todo caso, ¡estaré encantado de saludaros en persona!

Para saber más

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El 63% de los profesionales admite haber cambiado de empleo porque no se sentía alineado con el liderazgo de su empresa

Desde hace décadas en los entornos de RRHH venimos predicando en el desierto que los profesionales no se van de sus empresas, se van de sus jefes. Otro dato más para respaldarlo es este estudio Robert de Walters denominado Principales tendencias globales de talento’ y reflejado en un artículo de Foro Recursos Humanos.

Algunas ideas clave:

  • Dos tercios de los profesionales (63%) han admitido que una de las principales razones para dejar su anterior empleo fue la falta de «conexión» con el equipo directivo.
  • Además, el 68% afirmó que su salida se debió a «promesas vacías» por parte del equipo de dirección, ya que los profesionales sienten que los líderes que no cumplen lo que dicen erosionan su confianza.
  •  Las empresas que cuentan con un enfoque organizacional centrado en las personas o people first tienen un 50% más de probabilidades de fidelizar al mejor talento, y además, multiplican por 2,6 veces las probabilidades de cumplir sus objetivos de negocio.

En el citado estudio, cuando se les preguntó cuáles son los rasgos comunes de un liderazgo deficiente o poco auténtico, los profesionales enumeraron:

  • Falta de transparencia (72%). Los profesionales pierden la confianza en los líderes que retienen información o no explican las decisiones tomadas.
  • Inconsistencia (66%). Los líderes que dicen una cosa pero hacen otra tienen dificultades para ganar respeto a largo plazo.
  • Evitar la responsabilidad (44%). No admitir errores o no asumir responsabilidades lleva a una cultura de culpabilización.
  • Ignorar el bienestar de los empleados (30%). Los líderes que priorizan el beneficio del negocio sobre las personas, crean un ambiente laboral tóxico.
  • Micromanagemen (28%). La falta de confianza en las habilidades de los profesionales puede afectar directamente a la innovación y la motivación.
  • Favoritismo (22%). Un trato desigual entre los miembros del equipo fomenta el resentimiento y la desconexión.

Pero en la mayor parte de las empresas siguen sin detectar y gestionar sistemáticamente a los malos líderes, y creyendo que invertir en las personas es malgastar el dinero. La buena noticia es que la oportunidad es evidente para aquellas empresas que sí utilicen su gestión de personas como ventaja competitivas.

Cómo conseguir que los CEOs valoren a su departamento de RRHH

Uno de los retos críticos (y frecuentemente fracasados) de los directores de RRHH es posicionarse y ser valorados por otros directivos, especialmente de sus CEOs o Directores Generales. Resulta difícil dejar de ser vistos como ejecutores administrativos de tareas operativas y pasar a ser percibidos como estrategas que aportan valor.

Es cierto que muchas veces los altos directivos tienen una mentalidad cortoplacista, de silo, materialista o inhumana, pero también es cierto que muchas veces desde RRHH comunicamos muy mal o no somos capaces de posicionarnos en el comité de dirección.

Por eso me pareció interesante un gráfico que agradezco a mi amigo y cliente Paco. No parece tener una base estadística, ni venir de un informe fiable, ni encuentro la fuente, pero me parecía interesante para darnos que pensar.

A los CEOs no les importa si RRHH:

  • Mantienen actualizados sus archivos de personal o sus manuales de RRHH
  • Conocen al detalle la legislación laboral
  • Mandan encuestas de cultura
  • Planifican eventos sociales
  • Gestionan horarios

En cambio sí valoran si RRHH hace otras cosas:

  • Crean candidaturas que atraen talento, no sólo descripciones de puestos
  • Convierten las salidas de personas en aprendizajes valiosos
  • Predicen y previenen la falta de habilidades antes de que afecten al negocio
  • Detectan a futuros líderes antes que la competencia
  • Hacen que los movimientos de personas mejoren el negocio
  • Afrontan y gestionan rápidamente a las personas con bajo rendimiento
  • Construyen equipos mejores que los de los competidores

No significa que sólo haya que enfocarse en las segundas y dejar las primeras. La reflexión interesante es que a menudo nos perdemos en tareas que creemos necesarias, pero que no generan la percepción de aportación de valor para el negocio.

¿Estamos confundiendo nuestras prioridades desde RRHH? ¿Cuánto tiempo dedicamos a las mil tareas y peticiones que afrontamos? ¿El Director de RRHH es capaz de encontrar tiempo para enfocarse en tareas estratégicas y delegar las operativas? ¿Qué y cómo comunicamos hacia otros directivos? Y tú… ¿Qué opinas?